Usuarios en linea: 223

Las mujeres rurales son arquitectas de futuros invisibles: protagonistas de territorios vivos que sostienen la vida comunitaria
El artículo propone mirar a las mujeres rurales no solo como parte de las cifras y/o estadísticas a mejorar, sino mirar a las mujeres rurales como una potencia diversa que debemos liberar y reconocer en la agenda pública, privada, académica y laboral, para construir un país que valore la riqueza de su ruralidad.
Cada 15 de octubre se conmemora
el Día Internacional de las Mujeres Rurales. En Chile y en el mundo, los
saludos institucionales suelen centrarse en la agricultura, (donde están mis afectos), reconociendo el rol de las mujeres campesinas y labradoras de la
tierra, tan importantes en la producción de alimentos y en la sostenibilidad de
la vida rural. Ese reconocimiento es justo y necesario, pero también es
insuficiente. Porque las mujeres rurales son mucho más que campesinas: son arquitectas
de futuros invisibles, promoviendo la
cohesión social, la identidad cultural y la innovación comunitaria.
Hoy quiero escribir desde otra
narrativa. No hablaré de brechas, desigualdades ni de barreras, aunque sabemos
que existen y que es fundamental reducirlas. Quiero invitarles a mirar a las
mujeres rurales no como una cifra estadística que mejorar, sino como una potencia
a liberar. Porque la ruralidad no es solo un espacio de carencias, es también
un espacio de oportunidades, de diversidad y de futuro.
Las mujeres rurales son
agricultoras, sí, pero también las hay profesoras, profesionales de la salud,
artesanas, emprendedoras, mujeres algueras y pescadoras, mujeres pertenecientes a pueblos originarios,
migrantes, costureras, dueñas de casa, cuidadoras, dirigentas sociales, jóvenes, entre tantas
otras. Todas ellas sostienen la vida comunitaria desde lo local y lo
global, desde la tradición y la innovación. Reconocer esa heterogeneidad es
fundamental para reflexionar que la ruralidad no es homogénea ni estática, sino
un espacio común donde se cruzan culturas, trayectorias, saberes y proyectos de
futuro.
Podríamos reconocerlas como arquitectas de
futuros invisibles porque diseñan y sostienen proyectos que muchas veces no
son reconocidos por la mirada urbana y centralizada. Invisibles no porque no
existan, sino porque no se les da el lugar que corresponde en las políticas
públicas, en los discursos institucionales y en las conmemoraciones. Y ese
reconocimiento no puede solo limitarse solamente al Estado, los compromisos y desafíos pendientes con las
mujeres rurales deben también ser asumidos por el mundo privado, por las
empresas — gremios, por las organizaciones sociales y los espacios de
cooperación.
La ruralidad es un territorio vivo, pero no basta con repetirlo. Hemos escuchado esa frase muchas veces, y sin embargo sigue siendo tratada como un eslogan más que como una convicción. Decirlo no es suficiente, hay que vivirlo, sostenerlo y traducirlo en acciones concretas que reconozcan la diversidad, la innovación y las oportunidades para quienes habitan esos territorios. Y las mujeres rurales son protagonistas de ese territorio, sí, sostienen la agricultura familiar campesina e indígena, sí, transmiten identidad cultural, lideran organizaciones comunitarias, innovan en emprendimientos locales, cuidan y enseñan. Son ellas quienes en esos espacios construyen comunidad y proyectan futuros que aún no vemos.
No olvidemos
que la ruralidad también es espacio de migración. Mujeres migrantes
llegan a los territorios rurales buscando oportunidades, aportando diversidad
cultural y nuevas historias. Reconocerlas es reconocer que la
ruralidad es plural, que no se reduce a una única identidad.
Las jóvenes rurales, por su parte, son protagonistas de un relevo generacional que puede transformar la manera en que entendemos el desarrollo territorial. Ellas enfrentan desafíos no menores, soñar y construir su futuro, abrirse paso en espacios educativos, laborales y la posibilidad de migrar hacia las ciudades buscando mejores oportunidades. Pero también son portadoras de innovación, de nuevas ideas y de nuevas formas de organización, de proyectos que conectan lo comunitario con lo institucional.
Que este Día de las Mujeres Rurales no se reduzca a un saludo protocolar. Que sea un llamado a repensar sus territorios y a reconocer a quienes los sostienen. Debe convertirse en un espacio para instalar con claridad la urgencia de políticas que valoren su heterogeneidad, fortaleciendo lo que ya existe y evitando retrocesos , cierres de programas y recortes en sus presupuestos. Se trata de avanzar en conjunto, mejorando las herramientas disponibles, reconociendo la necesidad y el aporte de las mujeres rurales en todas las dimensiones de la vida social, económica y cultural.
La propuesta de esta columna es una invitación a colaborar desde una mirada que supere el centralismo urbano y reconozca la ruralidad como espacio de innovación, múltiple e histórico, que debe instalarse y reconocerse como un eje estratégico en las agendas públicas y privadas, locales y globales. Porque las mujeres rurales no son una cifra que mejorar, sino una potencia a liberar.
Descubre más historias, noticias y opiniones de nuestra comunidad.
Presenta la obra de teatro El Carnaval de los Animales, con funciones en el Centro GAM
La banda celebra un disco histórico en la importante escena penquista, este viernes 1º de agosto
El animal, que se distribuye en gran parte del territorio nacional, no había colonizado desde Copiapó hacia el norte, hasta ahora. El investigador de FAVET, Gabriel Lobos, asegura que su llegada puede amenazar la flora y fauna de estos ambientes ex [...]