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"Cuando el riesgo siempre lo paga el mismo, no es mercado: es regla amañada."
Una mirada crítica y sin rodeos sobre cómo las AFP usan el mercado como escudo para no responder por sus decisiones, por qué la investigación puede quedarse corta y por qué la participación ciudadana es la única fuerza capaz de cambiar las reglas del juego.
Nos mandan el mensaje con tono calmado: "Subieron las
tasas de interés, el mercado sube y baja, usted quédese tranquilo, que ya va a
repuntar". Qué amables, qué preocupados están por nuestra
tranquilidad. Hablan del asunto como si estuvieran comentando el clima: llovió,
se nubló, ya saldrá el sol, como si nadie hubiera visto las nubes negras
acercarse mucho antes de que empezara la tormenta.
Pero la verdad no se puede esconder con palabras suaves: sí
hubo advertencias, muchas y muy claras. La Superintendencia de Pensiones las
planteó formalmente. El Banco Central las advirtió en sus informes.
Especialistas y voces autorizadas dijeron una y otra vez: "Cuidado,
esta estrategia tiene un riesgo alto de pérdida". ¿Y qué hicieron
quienes manejan nuestros ahorros? Siguieron adelante, sin modificar nada, como
si nadie les hubiera dicho nada, apostaron fuerte y con nuestra plata.
Si la apuesta salía bien, ellos presumirían los rendimientos
en cada correo y cada aviso. Si salía mal… de repente, nadie decidió nada,
nadie tomó una mala decisión, nadie tiene responsabilidad: fue el mercado, el
destino, algo imparable que nadie pudo prever.
Qué conveniente es esa posición.
Es curiosa esta forma de ver las cosas: cuando los números
van hacia arriba, la gestión es excelente, brillante, merece cada peso de
comisión. Cuando van hacia abajo de golpe, no hay gestores, solo son fuerzas de
la naturaleza que nadie controla, como si estas empresas millonarias no
tuvieran equipos de profesionales, pantallas con información en tiempo real,
comités de riesgo y todo lo necesario para ver exactamente lo que estaba
pasando.
No fue el destino, fue una decisión que llaman "estrategia
de largo plazo". Qué nombre tan bonito para algo que nos hace perder
dinero real y nos piden esperar con paciencia: nuestra paciencia, claro. La de
ellos no corre el mismo riesgo: su sueldo, su comisión, su ganancia llegan
puntuales todos los meses, suba o baje el saldo nuestro.
Ahora anuncian una investigación, todos muy serios, muy
formales, revisando documentos. Y la mayoría de nosotros pensamos lo mismo,
porque la experiencia nos ha enseñado: al final del proceso, es muy probable
que el informe diga, con mucho lenguaje elegante, que todo se ajustó a la
normativa vigente, que no hubo mala práctica, solo circunstancias adversas. Y
otra vez la cuenta la pagamos nosotros: los que cotizamos mes a mes, los que no
tenemos equipos de abogados ni puertas abiertas en el Congreso, los que solo
hemos puesto el esfuerzo, el tiempo, la esperanza y los ahorros de toda una
vida.
Pero hay algo que no debemos olvidar: ellos no son dueños de
nuestro futuro, son administradores que tienen un encargo: cuidar lo nuestro.
La ley es clara: si no lo hacen con el cuidado y la diligencia que corresponde
y eso nos hace perder, deben reponerlo. No es un favor que nos hacen, es una
obligación que tienen.
Por eso las demandas colectivas no son un capricho, son la
herramienta que la ley nos da cuando las puertas de la explicación se cierran.
Y sí, pueden llegar a buen puerto: ya ha ocurrido antes, cuando una AFP debió
devolver dinero al fondo por haber sobrepasado los límites permitidos. No será
un camino fácil ni rápido: ellos cuentan con recursos para hacerlo largo y
difícil. Pero cuando la gente se mantiene firme y unida, la justicia puede
llegar.
Y ahí estás tú. No es cosa de unos pocos ni de quienes tienen
tiempo de sobra. Es cosa tuya, mía, de cada persona que ha visto bajar su saldo
sin entender bien por qué. Si todos nos quedamos callados pensando que nada va
a cambiar, efectivamente nada cambiará. Pero si sumamos la voz, la denuncia, la
adhesión colectiva, la historia cambia. Ha cambiado antes y puede cambiar
ahora.
No te dejes convencer de que esto es inevitable. Lo que hoy
te presentan como algo que no se puede modificar, mañana puede ser solo una
mala costumbre que dejamos atrás. Las reglas no cayeron del cielo: las hicieron
personas, y las personas podemos cambiarlas. Depende de ti. Depende de todos
nosotros.
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