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800 Palabras
Sentimos que nos ha tocado vivir tiempos amargos, hasta que un domingo por la tarde se nos aparece un tipo de 80 años, con 9 dedos, a cambiarnos el ánimo.
Había caras de alegría o rostros avinagrados, como en cualquier lugar de trabajo tras saberse los resultados de un partido de fútbol, excepto que en este caso se trataba de las elecciones en Brasil.
Y lo curioso era esa o, que simbolizaba la disyuntiva puesta en el medio, entre los que se sentían satisfechos de que ganara Lula y los que se les notaba desde una leve frustración hasta ese gesto de rabia contenida.
Estaban los dos en la pecera, apodo que le habían puesto a la oficina del jefe de redacción del diario, por estar emplazada en medio de la planta y tener las cuatro paredes de vidrio.
Jaime y Ernesto habían llegado temprano y mientras se bebían el café, iban observando a los que llegaban a la oficina: el jefe describía los semblantes y el otro, en un papel en el que había dos columnas, marcaba una u otra:
— ¡Ultra derecha! —anunciaba Jaime y Ernesto ponía un palote en la columna de la derecha.
— ¡PT! —decía Jaime y Ernesto iba a la otra columna y le daba una rayita a Lula.
Así se la pasaron unos cuantos minutos, realizando el escrutinio chileno de las elecciones presidenciales de Brasil. Cuando Ernesto totalizó ambas columnas, no les gustó mucho el resultado:
— O eres malo para interpretar gestos o deberíamos aceptar nuestra cruda realidad: tenemos demasiados compañeros de trabajo de derecha —dijo Ernesto y el otro buscó paliativos:
— Bueno, tal vez la cara de culo de Valerga se deba a que Coquimbo perdió ayer dos a uno contra Ñublense.
— Seguro, y el caracho de Rosalía será porque otra vez ha pasado un mal fin de semana con su marido, al que ya no lo aguanta por ser un tipo aburridísimo.
Le buscaban benignas conclusiones a esa casera investigación sociológica que habían hecho:
— Tampoco pensemos en que todo el mundo es como nosotros dos, Jaime, que la política nos tiene tomados desde que nos despertamos hasta que nos vamos a dormir y, como si fuera poco, soñamos con Peter Thiel y Steve Bannon, porque ya ni sueños eróticos nos quedan.
— Hablando de Thiel, tú, que eres dibujante, ¿no lo notas parecido a Charles Montgomery Burns, el villano de Los Simpson?
— No lo había pensado —dijo Ernesto, riéndose—. Mi gran duda es por qué Marco Rubio es morocho.
— Mi mujer lo llama Narco Rubio —dijo Jaime, entre carcajadas de ambos.
A pesar de haber llegado tan temprano a la redacción del diario, estos dos parecían no tener muchas ganas de ponerse a trabajar. De hecho, se habían acostado muy tarde, ya eran más de las doce cuando seguían enviándose mensajes de WhatsApp, un meme detrás del otro, como la imagen del Cristo Redentor de Río de Janeiro mostrando el dedo que le faltaba a Lula o el video del impresentable presidente de Argentina, asegurando de que Bolsonaro ganaría las elecciones.
Con respecto a Milei, en particular, Ernesto sentía una infinita antipatía, ni podía llamarlo por el nombre, para referirse a él, siempre decía el energúmeno. De tanto llamarlo así, cada vez que pronunciaba esa expresión, Jaime ya sabía sobre quién estaba hablando Ernesto.
— Es pájaro de mal agüero, ¿has visto, Jaime? Nunca un candidato perdedor en primera vuelta pudo dar vuelta una elección en Brasil, pero el tipo viajó hasta allá para alentar a Bolsonaro y cambió la historia.
— Por eso ni los de la ultra derecha española han querido verle, es un pianta votos. Fue patético el tipo viajando diez mil kilómetros hasta Madrid y que Santiago Abascal se escapara a La Coruña, con tal de no recibirlo.
— ¡Y cómo insultó al presidente Sánchez y al periodismo! Tienen un sistema judicial tan corrupto en Argentina que hicieron caer la Causa $Libra, entonces, el energúmeno pidió que los periodistas que investigaron esa estafa piramidal, fueran quemados en una hoguera: el presidente se ha convertido ya en todo un inquisidor.
Ahora iban por el segundo café y seguían festejando el triunfo brasileño, el cual podría cambiar el horizonte de América Latina. Uno de ellos mostró sus resquemores en relación a la composición del parlamento, donde la ultra derecha manejaría una mayoría que seguramente incomodará en más de una ocasión a Lula.
Ernesto mencionó a André Janones, el joven y cerebral experto en comunicaciones digitales, quien consiguió vencer a los asimétricos apoyos a Bolsonaro por parte de los norteamericanos dueños de las redes sociales.
Un rato más tarde, ya se la habían agarrado con Kast y contra sus políticas de ajuste, una tras otra, todas medidas impopulares. En algún momento había que regresar a la realidad local, por lo que Jaime dijo:
— Sin más para comentar hoy, doy por aprobada tu tira cómica: sin palabras, todo de verde y amarillo.
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