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800 Palabras
Es enigmática la razón por la cual un individuo con cierta capacidad inventiva trabaja creando artículos que servirán para dañar a otros.
Como era habitual, Ernesto buscaba información de respaldo para sus tiras cómicas del diario.
Lo hacía por dos razones, la principal: no publicar información equivocada; sin embargo, más importante era su innata curiosidad.
Así, Ernesto se encontraba navegando por sitios de internet, averiguando el origen de la tan difundida expresión delito de guante blanco (a veces llamada de cuello blanco). Supo que esta metáfora había sido acuñada por el sociólogo Edwin Sutherland, en 1939, para encasillar ciertos crímenes económicos y financieros llevados a cabo por distinguidos señores de acomodada posición, a veces profesionales, pero sin mediar la violencia física.
Luego dio con otra expresión: tratar con guantes. En este caso, el origen databa del siglo XVII y aludía al uso de guantes finos de piel de cabra, suaves y caros, con el objeto de manipular artículos frágiles o delicados sin dañarlos, lo que derivó en la otra metáfora: tratar a alguien con extremo cuidado y tacto.
Como suele ocurrirle a tantos creativos, a Ernesto también se le disparaban ideas para su comic.
Fue así que nació otro personaje para la historieta: Tercermundita.
Desembarcó sobre el escritorio de Jaime, su jefe editor, con una docena de bocetos y, lógicamente, lo primero que hizo éste fue clavar la vista en el flamante personaje:
— Cuéntame que es este aparatito al que bautizaste Tercermundita.
— Ya conocemos en el primer mundo a Alexa, Gemini, Siri y otros dispositivos dotados con inteligencias artificiales de uso doméstico. Tercermundita será la primera IAI: inteligencia artificial ideologizada.
Jaime ya comenzaba a reírse y Ernesto continuaba dando detalles acerca del artilugio tecnológico.
— Como puedes ver, fíjate que le vamos mostrando a Tercermundita un artículo en el que la CNN comenta sobre los nuevos guantes que utilizarán los agentes de la ICE norteamericana para tratar con los inmigrantes.
En el primer cuadro de la historieta se veía a Tercermundita: una especie de parlantito cilíndrico con lucecitas en forma de ojos y una gorra con visera. En un globo de texto, alguien le preguntaba:
— Dime Tercermundita: cuando el fabricante de guantes que emiten descargas eléctricas informa que están diseñados para desescalar encuentros con individuos, ¿qué está queriendo decir?
En el cuadro siguiente, la visera giraba hacia atrás y las lucecitas se transformaban en ojos de zorro, muy pícara expresión, y allí comenzaba la interpretación-traducción de tanto eufemismo:
— Desescalar el encuentro con un individuo es derribarlo en el acto —decía Tercermundita.
— ¿Y cuando califica a estos guantes como dispositivo de distracción conductiva?
El astuto cilindrito contestaba:
— Para cualquier ser humano, un shock de 210 voltios es una tortura paralizante, nada de distracción.
Jaime y Ernesto se reían mucho por cómo Tercermundita traducía las inocentes expresiones del fabricante de guantes en verdaderas calamidades para las víctimas de los agentes del ICE.
En cada respuesta del fabricante, un tal Jeff Niklaus, frente al periodista que lo entrevistaba, había pura crueldad disfrazada de discurso educado. Por ejemplo: apodaba a los guantes socio invisible, algo que Tercermundita traducía como arma oculta.
Luego, Niklaus advertía:
— Los guantes no deben usarse como castigo ni en personas de alto riesgo, incluidas mujeres embarazadas, personas mayores, niños pequeños y personas con discapacidades graves.
Decía Tercermundita:
— No me vengan con demandas judiciales si con mis guantes matan a alguien.
— Dime Tercermundita —volvían a preguntarle—, ¿qué significa esta definición?: Sólo estamos activando suficientes unidades motoras a través de la piel para estimular el sistema nervioso periférico. Así que no causamos ninguna lesión con nuestro dispositivo, usualmente obtenemos cumplimiento en tres segundos.
El aparatito respondía de inmediato:
— En tres segundos derriban a la víctima, con o sin vida.
— ¿Y de dónde salió este tipo, el fabricante de los guantes? —preguntó Jaime.
— ¿Quieres que te lo responda Tercermundita o me lo estás preguntando a mí?
— ¡Vamos, Ernesto! ¡Tú eres tus personajes!
— Jeff Niklaus es otro veterano de guerra que se retira de las fuerzas y pasa a ser contratista.
La reflexión final salió de la boca de Jaime, siempre risas agrias. Contó de un artículo publicado hace décadas en un diario argentino que ya no existía en la actualidad: La Opinión. La nota se titulaba: Vietnam, laboratorio para el genocidio, y era recopilación del libro homónimo, de un tal Goldstein.
— Desde un avión arrojaban sobre la selva del sudeste asiático defoliadoras, agente naranja y otros químicos. Pero esto me impactó más: esparcían muñecos de trapo para los niños, que, en cuanto eran recogidos, explotaban. Eso sucedió hace seis décadas, que se fueron a pelear a Vietnam. Pero ahora, me pregunto yo: ¿cómo llegó esta sociedad a tener un sujeto en la Casa Blanca, quien practica un terrorismo contra seres humanos que viven dentro del territorio de su propio país?
— ¡Ya, Jaime! Te prometo que vuelvo a mis Postigos de Jehová.
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