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800 Palabras
Quienes ejercen la maldad y el abuso sobre otras personas, no requieren de gran ingenio o creatividad: apenas una mezcla de mediocridad y poder.
— Tú que lees a Lacan en idioma original: Chovinismo viene del francés, ¿verdad? —le preguntó Natacha a su madre—. ¿En alusión a un soldado francés con exceso de patriotismo?
— Así es. Pero no fue real Nicolás Chauvin. Gérard Puymège y otros historiadores nunca hallaron documentación alguna que diera cuenta de que en Francia existió esa persona enrolada en la milicia. El mito surgió del teatro popular del siglo XIX. Mi mamá, una Laurent bastante conocedora de la dramaturgia parisina, me mencionó la comedia La cocarde tricolore, de los hermanos Cogniard. Propio del vodevil de época, Chauvin era el protagonista de una humorada burlona acerca del soldado de nacionalismo exagerado que seguía loando a Napoleón Bonaparte, aún mucho después de la caída del emperador.
Natacha estaba sorprendida, dijo que el mundo estaba lleno de chovinistas y opinó que el reciente campeonato de la FIFA fue una asqueante demostración de patrioterismo (sonaba enojadísima con eso):
— ¿Has visto lo hueco que lucían todas esa ceremonias previas a los partidos, con las banderas y los himnos? —la joven no sólo quería hacerse escuchar, deseaba conocer la opinión de su madre, quien siempre ponía en juego la palabra mesurada, ese sí, puede ser, pero tal vez no sea tan así:
— Es cierto que se muestran los fanatismos en estas contiendas deportivas. Aunque, no todo el mundo tiene un comportamiento de horda. Hay gente y gente. ¿Y por qué lo del chovinismo?
— Surgió hoy en clase, en la facultad. Se ve que la docente no está muy bien informada como tú, porque dio por hecho que Chauvin fue soldado y, hasta mencionó que había combatido en Waterloo, ¡qué manera de chantarnos la mula!
— Montones de expresiones que utilizamos a diario provienen del francés —le dijo Ana María a su hija—. Por ejemplo, ese sticker que adheriste a tu carpeta, se denomina calcomanía y su nombre se origina en el término décalcomanie, de mediados del 1800. La moda de estampar esos impresos autoadhesivados se había vuelto furor entonces y la gente tenía una manía con eso.
De ahí, la palabra, porque calquer, del latín, significa pisar, presionar o transferir un dibujo de un sitio al otro.
— ¡Hola familia! —Ernesto acababa de entrar a la casa de la calle Arturo Burhle— ¿Qué novedades?
Le contaron que andaban conversando acerca de ciertas palabras francesas. Natacha mencionó el chovinismo y Ana María la calcomanía. El padre de familia habló de la coïncidence, porque esa misma tarde, en el diario, habían estado hablando sobre los calcos:
— En mi tira cómica aparecieron dos personajes nuevos: John Kalco y Pierre Laufar. El primero, alias papel calco, y el otro, un operador judicial que suena a francés, pero su apellido viene de la expresión inglesa lawfare, que es un nuevo tipo de golpe de estado que se suele dar en Latinoamérica, en lugar de las típicas asonadas militares del siglo pasado.
— Escuché hablar del lawfare en la facultad —dijo la joven—, como sinónimo del uso abusivo del sistema legal y judicial en contra de ciertos ciudadanos o grupos.
— ¿Y por qué esos dos personajes aparecían en tu historieta? —preguntó Ana María.
— Porque Pierre Laufar es el que arma causas judiciales contra los dirigentes políticos que luchan por los derechos de los pueblos, cosa que a Estados Unidos le resulta muy molesto, porque las libertades de las naciones presuponen un límite a las pretensiones imperialistas. Mientras que John Kalco se ocupa de copiar la táctica del lawfare de un país a otro. Los dibujé buenitos: ojos celestes, pelito rubio rasurado al ras, sonrisas angelicales, uñas prolijamente cortadas y brillantes de esmalte, y tiradores de la misma tela que el moño. Flaquitos y esbeltos, termo Stanley con agua mineral y un móvil en cada mano. Así iban apareciendo los casos en las ventanitas de la tira: Arroz Verde en 2012, Ecuador, cuando lo acusaron a Rafael Correa de “influir psíquicamente” sobre sus subordinados.
— ¡Hay que haber visto mucho Hollywood para inventar una causa así! —dijo Ana María.
— Un juez brasileño sentenciando a Lula con una frase vergonzosa: No tengo pruebas, pero igual creo que es culpable, y el impeachment a Dilma Rousseff, ambas causas, falsas. Y el montaje de causas a Cristina Fernández, en Argentina, con testigos extorsionados y amenazados para que declararan contra la exmandataria. Una maniobra calcada de la otra.
— ¿Y qué tiene de cómica una tira así, papá?
— ¿De graciosa? Nada. Hace tiempo que la risa es un poderoso subterfugio de los pueblos sometidos. En un campo de concentración, durante las torturas y en vísperas de un fusilamiento, a los que se oponen al tirano le pueden arrancar dedos y pelos, pero jamás le quitarán la posibilidad de reír. Humildemente, eso trato de reflejar en cada historieta mía.
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