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Ciencia, innovación y territorio
Los proyectos Ciencia 2030 son una iniciativa nacional que busca transformar y fortalecer las capacidades de investigación, innovación y vinculación de las universidades chilenas con sus territorios. A partir del Encuentro Nacional Ciencia 2030 realizado en Pucón, Leyla Cárdenas, académica de la Universidad Austral de Chile y directora de Ciencia 2030 Consorcio Sur-Subantártico, reflexiona en esta columna sobre el camino recorrido y el desafío de avanzar hacia una tercera etapa de consolidación.
En
la Antártica el tiempo se mide de otra manera. Una capa de hielo puede guardar
información de cientos o miles de años; una transformación que a nuestros ojos
parece imperceptible puede revelar, décadas después, señales fundamentales para
comprender cómo ha cambiado nuestro planeta. Allí aprendemos que algunos de los
procesos más importantes ocurren lentamente. Con las facultades de ciencia
ocurre algo parecido: las transformaciones profundas requieren tiempo para
instalarse, formar personas, generar redes y cambiar culturas institucionales.
Pienso en esa imagen después del Encuentro Nacional de los proyectos Ciencia e Innovación al 2030 que realizamos hace unos días en Pucón, en la Universidad de la Frontera. Nos reunimos para mirar el camino recorrido, compartir aprendizajes y cerrar una etapa, pero sobre todo para preguntarnos qué queremos hacer con todo lo que hemos construido durante estos años.
Las
transformaciones profundas de una universidad no ocurren en el tiempo que dura
un proyecto. Se producen al cambiar las formas de enseñar, al incorporar nuevas
competencias en las generaciones que se están formando, al favorecer la
colaboración entre investigadores de distintas disciplinas y al convertir la
innovación, la transferencia y la vinculación con el entorno en parte de la
cultura institucional. Eso es precisamente lo que hemos intentado construir
desde Ciencia 2030.
Cuando
comenzó esta iniciativa, el desafío no era simplemente aumentar la producción
científica porque nuestras universidades ya contaban con investigadores de
excelencia. El desafío era lograr que ese conocimiento dialogara de manera más
directa con las necesidades de nuestros territorios y con los grandes desafíos
que enfrenta Chile. Hoy comienzan a verse resultados concretos: el crecimiento
del cuerpo académico y estudiantil, el fortalecimiento de la investigación y de
los proyectos de I+D, una mayor vinculación con el entorno productivo y nuevas
capacidades institucionales para tomar decisiones basadas en datos.
Como
directora de un consorcio Ciencia 2030, he podido observar este proceso de
cerca. Y si algo me han enseñado estos años es que cambiar una cultura
institucional requiere tiempo. Por eso, una de las cosas que más valoré del
encuentro de Pucón fue poder mirar más allá de los indicadores. Pudimos
reconocer vínculos entre universidades, equipos que aprendieron a trabajar
colaborativamente, estudiantes que hoy tienen una mirada distinta sobre lo que
significa hacer ciencia más allá del laboratorio e instituciones que han
comenzado a incorporar la innovación como parte de su quehacer cotidiano. Esos
cambios importan porque la ciencia del futuro no puede desarrollarse de manera
aislada.
Me pareció especialmente significativa una idea planteada durante el encuentro: si queremos que Chile dé un salto en materia científica y tecnológica, necesitamos políticas de Estado capaces de trascender los períodos de gobierno. La ciencia tiene sus propios tiempos y formar a una persona que liderará investigación durante las próximas décadas toma años. El encuentro de Pucón ocurrió justamente cuando Ciencia 2030 cierra su segunda etapa y se abre el camino hacia la tercera, denominada etapa de consolidación. Cuando postulamos a esta iniciativa en 2020, sabíamos que se trataba de un proceso pensado en tres etapas. Por eso, más que preguntarnos si habrá continuidad, la pregunta es cómo completamos el camino que trazamos desde el inicio. Si ya hemos navegado durante estos años, construido capacidades, fortalecido redes y transformado nuestras instituciones, no tendría sentido detenernos antes de llegar a puerto. La consolidación es precisamente el momento de recoger lo aprendido, profundizar los cambios y asegurar que las capacidades desarrolladas puedan permanecer y proyectarse en el tiempo.
Como
científica y académica de una universidad regional, creo que esta discusión es
especialmente importante. Chile, y en especial su zona sur, tiene una enorme
diversidad territorial y capacidades científicas que pueden contribuir a
resolver problemas concretos de nuestras regiones y del país.
No
estamos partiendo de cero. Estamos en medio de un proceso que fue pensado para
llegar más lejos. La tarea ahora es completar esa ruta y hacer de la
consolidación una oportunidad para que lo construido no solo permanezca, sino
que siga creciendo.
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