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Una valoración de como se ha producido la entronización multidimensional del sionismo en Chile.
Aborda la presencia creciente del cristiano sionismo desde la dictadura de Pinochet. Su instalación en medio de las actuales disputas político ideológicas. Soporta una sigilosa sustitución de referentes históricos políticos y de valores católicos reconocidos en la cruz como símbolo esencial por signos identitarios sionistas y judíos. Hoy, en lugar de la cruz, se proyectan asimétricamente las nuevas sombras, sean estas de múltiples estrellas de cinco puntas o bajo una de seis puntas, como símbolos emergentes de la mutación contemporánea que han tenido los dispositivos de dominación, asimilados candorosamente por nuestras sociedades.
La expansión del cristiano
sionismo anglosajón
Hacia la sustitución del
catolicismo.
En el origen de la expansión
sionista en América Latina es necesario considerar el enfrentamiento a la
Teología de la Liberación que emprende EEUU en los años 70 en el fragor de la
Guerra Fría y como parte de la reacción en contra de los procesos
revolucionarios que latían en el continente.
En esa misión colaboró la propia
curia romana interesada en hacer desaparecer todo vestigio de aquella opción
bíblica sacrifical, de preferencia por los pobres encarnado aun entonces en diversos
contingentes revolucionarios, antimperialistas, soberanistas que encontraron
inspiración en la Biblia, por ejemplo en
el Salmo 12, 5 de A.T. “Por la
opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré,
dice Jehová; pondré ´en salvo al que por ello suspira” O lo que leemos en San Lucas el Evangelista
1,52-53, donde Maria proclama: “Quitó a los poderosos de los tronos y levantó a
los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos envió vacíos”
La militancia soberanista,
antimperialista y anticapitalista, católica o marxista, fue atacada con
severidad sanguinaria a partir de 1975 por el dispositivo conocido como Operación
Cóndor, compuesto por las dictaduras latinoamericana, la CIA y en especial Israel,
que ya establecería acuerdos militares y de inteligencia con Pinochet desde que
en 1976 el Gobierno de EEUU le bloqueara
al dictador el acceso al mercado de las armas.
Los compromisos militares,
policiales, de tecnología e inteligencia entre los Estados de Chile e Israel
están vigentes desde entonces.
La Operación Cóndor aniquiló sistemáticamente
a una generación de jóvenes latinoamericanos católicos y marxistas, empeñados
en completar las tareas inconclusas por la liberación nacional y lograr la
mejor distribución de las riquezas.
La cacería continuó en Chile al
inicio de los 90, a cargo del Consejo Coordinador de Seguridad Pública, que a
su vez articuló “La Oficina”, rentando a desertores, traidores y delatores o
simplemente infiltrados para destruir todo vestigio revolucionario.
Uno de los tantos instrumentos
que usó el catolicismo en contra de las opciones políticas e ideológicas que
situaban a los pobres en el centro de su quehacer, más allá de los púlpitos
conservadores y anticomunistas, que ordenaban votar por los conservadores, lo
constituyó la institución papal, donde el polaco Juan Pablo II se convirtió en
un agitador en contra de toda idea de liberación material, contribuyendo al
socavamiento y destrucción de las experiencias emergentes del socialismo real, y
a extirpar de la iglesia católica a las Comunidades Eclesiales de Base, la
Vicaría Pastoral Obrera, la Vicaría de la Solidaridad y la figura trascendente
del cura obrero que acompaño a la resistencia.
Ese es el contexto en que la CIA
y otras agencias y redes transnacionales contribuyen a radicar a las
iglesias evangélicas en América Latina.
En Chile, fue la iglesia
Evangélica Pentecostal el validador religioso que encontró Pinochet,
acuciado por la crítica del líder católico chileno, el Cardenal Raúl Silva
Henríquez.
El Tedeum de 1974 signa una declaración
desde la Catedral Evangélica que se
refiere al Golpe Civil Militar de 1973 como una “respuesta de Dios” frente al
comunismo.
Ese sector de raíz golpista que predomina
hoy en el Gobierno de Kast no representaba al amplio universo de sus miembros
ni a las distintas corrientes evangélicas o protestantes presentes en 1986,
fecha en que surge la Carta Abierta de Pastores Evangélicos al General A.
Pinochet, cuyo texto denuncia la crisis social y la falta de libertades,
reclamando por una apertura democrática.
Superación de los obstáculos.
Despejado de sus oponentes desde
EEUU, se inicia un serio esfuerzo por anglosajonizar el medio religioso chileno
al exportar la narrativa teológica del sionismo protestante junto con el modelo de iglesia norteamericano,
que se fundamenta en la teología del dispensacionalismo, la cual plantea
que Dios tiene un plan específico y literal para el pueblo judío, anunciando el
próximo fin de los tiempos y el retorno de Jesucristo, como el requisito
profético indispensable para que los judíos regresen a la "Tierra
Prometida" que, según sus interpretaciones, es el actual Israel.
La bendición divina, basada en Génesis
12:3, del A.T. "Bendeciré a los que
te bendijeren y a los que te maldijeren, maldeciré", forma parte del
dispensacionalismo donde se fomenta la creencia de que el bienestar
espiritual y financiero de un individuo o nación depende de su apoyo
incondicional a Israel.
Por su parte Israel despliega su
poder económico, tecnológico militar y civil para desarrollar lo que se conoce
como "Diplomacia de la fe” consistente en circular invitaciones a pastores
influyentes a que visiten el Estado Sionista, a establecer alianzas con
federaciones evangélicas locales y la creación de redes con políticos que
comprometen su respaldo al sionismo. En el Senado de Chile está ya establecido
el grupo político que actúa en ese sentido, financiado con nuestros impuestos.
Israel ha sabido gestionar con
suculentas finanzas y el Mossad de por medio, un importante respaldo
político y social en el continente. El AIPAC en EEUU es uno de sus bastiones.
La doctrina del sionismo
cristiano suele marchar de la mano con la teología de la prosperidad,
que vincula sus creencias religiosas con el éxito económico individual, propio
del neoliberalismo, atrayendo a millones de personas desencantadas de las redes
tradicionales vinculadas o dependientes del Estado.
De la mano de los evangélicos
pentecostales y otros, han penetrado símbolos del judaísmo en los salones de
culto. Vemos que aparece el shofar (cuerno ritual), el talit
(manto de oración), la bandera de Israel y la estrella de David, de seis
puntas, como una especie de mística ritualista y de "raíz bíblica".
Aunque ya no es Cristo en la
cruz el centro del rito, tales iglesias no dejan de llamarse cristianas.
Cómo ha cambiado Chile.
El 90% de la población chilena
de los años 70 se identificaba con la iglesia católica, apostólica y romana. El
Censo de 2024 sitúa a los católicos en un 50% aproximadamente. Una disminución
multicausal, donde se evidencian errores propios, al anticlericalismo liberal, el
abandono de los barrios populares y la creciente presencia de cultos evangélicos
financiados también por el Estado chileno y al mencionado posicionamiento del
papado al lado de EEUU en medio de la Guerra Fría.
Los evangélicos eran un 6% en
Chile de los años 70, hoy alcanzan el 17% de la sociedad. Desde Pinochet en
adelante todos los gobiernos han contribuido a legitimar el espacio en la
sociedad de las iglesias de origen anglosajón, y a fomentar su crecimiento con
legislación y apoyo económico. El Gobierno actual destina 5.9 mil
millones de pesos.
Se debe reconocer además la
acción de largo plazo que ejercieron los agentes y recursos dirigidos a socavar
y debilitar al catolicismo, en tanto se propiciaba la instalación de corrientes
religiosas del raíz anglosajona en el país.
Rol del wokismo y la
socialdemocracia.
La multifacética corriente
política que sobrevive a la crisis de las
izquierdas de los 90, forma parte de una cúpula política que en conjunto roza
el 6% de aprobación en Chile.
Ausente de las calles y actualmente
alejada del poder estatal parece más bien una composición extemporánea de
retazos socialdemócratas- wokista, populista, sionista, reformista, una especie
de arpillera ajada que apartó por conveniencia el sentido clasista de las luchas
pasadas identificadas con un mundo en retirada.
El desgaste continuo de tales
corrientes obedece sustancialmente al hecho de gobernar para el sistema, sus sectores
dominantes y las grandes corporaciones.
Se aceleró en Chile la fatiga de
los proyectos políticos de esas agrupaciones tras haber acordado, con el
entonces Presidente S. Piñera, enjaular la sinergia del Estallido Social para
aminorar su fuerza, encausarla hacia el
Plebiscito, como oferta de esperanza de cambio del Estatuto Fundamental de la
República dictado por Pinochet, fuerza reformista que Gabriel Boric, el conservador
socialdemócrata, boicoteó antes de iniciar su gobierno.
Dijo
G. Boric en diciembre de 2021: “no espero una convención partisana ni al
servicio de nuestro gobierno”. Idea que repitió ante la segunda
convocatoria a cambio constitucional.
Al
exigir una convención “no partisana”, Boric renunció a conducir el proceso que
debía cerrar la herida constitucional abierta por la dictadura.
Ante la
segunda convocatoria Boric repitió el gesto, y el doble rechazo plebiscitario
terminó por consagrar —por agotamiento, no por convicción— la vigencia de la
Constitución de 1980. Así,
el país que buscaba emanciparse de su pasado autoritario terminó legitimando la
carta magna que ese mismo pasado dejó como herencia.
Como colofón de la seguidilla de
derrotas del progresismo se instala en el sillón de O´Higgins el primer
gobierno sionista de Chile. (Rodrigo Karmy. Las tres capas de la ultraderecha
global que vinculan a Chile con el sionismo y el capital tecnológico. En: LVQS,
17.06.2026)
No
digo nada nuevo al reconocer que los partidos soportes de los gobiernos concertacionistas
son conservadores del estatus político, son organizaciones sistémicas, aunque
en lo social algunas de ellas
coincidieran en construir plataformas multicolores, de extrañas creencias que
rechazan la razón y las ciencias.
Entre wokes, republicanos
y libertarios se produce una coincidencia metodológica, no ideológica, donde ignoran la razón y la ciencia cuando éstas
contradicen su identidad política, reabren así debates ya resueltos para
sostener narrativas morales.
Los constructos wokes que
permean la experiencia socialdemócrata, son ajenos a la centralidad de la lucha
de clases, chocan de frente con concepciones valóricas conservadoras que son
parte de la cosmovisión religiosa.
Enfrentan a individuos o grupos,
por cambios superficiales, por creencias, dispersando las energías para los
necesarios cambios estructurales. Actúan justo en sentido contrario a la teoría
de la lucha de clases.
En resumen, el deterioro
paulatino de los valores e ideas de transformación social que
representaron los sectores socialcristianos y socialdemócratas, desde Frei
Montalva hasta Allende en Chile, han dejado espacios al sionismo cristiano, no
solo por la pérdida en el campo del relato, sino principalmente por la
transformación de la base material de la sociedad y su constitución en una
sociedad de mercado, donde compiten consumidores individuales siendo el dinero
el tótem vital en el sentido antropológico, dejando un vacío que el
liderazgo cristiano sionista comenzó a ocupar sin resistencia.
El sionismo cristiano ha
encontrado su mayor tracción en amplios sectores populares de la región como
Guatemala, Brasil, Costa Rica, Chile y otros, pues junto al anticomunismo
secular, se inculca en los salones el exclusivo vínculo entre prosperidad
espiritual y financiera con el apoyo incondicional a Israel, que los
congregados asumen inocentemente como verdad absoluta.
En esa y otras tareas de
penetración sionista trabaja el think tank “Chile Cristiano” que junto a las iglesias protestantes,
evangélicas conecta las profecías bíblicas con la soberanía territorial judía.
La Iglesia
Católica tradicionalmente ve con recelo el sionismo cristiano, calificándolo en
algunos centros más críticos de
"herejía político-teológica" que instrumentaliza las escrituras con
fines geopolíticos.
Según nuntiatoria.org
el sionismo expresa una “tentación
de teología geopolítica”, distorsión doctrinal,
y lectura errónea de la
unidad de la historia de la salvación.
Los
patriarcas católicos en Jerusalén, desde el Vaticano y a nivel global han
condenado la visión cristiano sionista y enfatizan la necesidad de proteger por
igual a todas las comunidades religiosas reconocidas en Tierra Santa.
Recordemos
que el catolicismo se pronuncia por la solución de dos Estados, lo cual contradice
al sionismo excluyente y genocida.
El apoyo incondicional a Israel
se ha convertido en un estandarte de identidad política MAGA y sionista, con el
cual mandatarios del Continente afilian a sus países al Escudo de las
Américas renunciando no solo a la administración de sus recursos naturales
según las propias necesidades, ceden de la soberanía política aquello que aún
se mantenía como vestigio de autonomía publica respecto a EEUU.
En rigor y para rematar, hay que
señalar que desde 2010 se registra el ascenso de una derecha contestaria al
modelo socialdemócrata woke, apoyada por el creciente aumento de la influencia
valórica de iglesias de origen anglosajón, permeadas por el judaísmo y el
sionismo, destacándose entre ellos en 2019 J- Bolsonaro y N. Bukele como los que
anuncian la instalación del modelo “Escudo de las Américas”
Luego seguirían en 2023 S. Peña,
D. Noboa, J. Milei.
En 2024 J.R. Mulino, en 2025 K.
Fujimori R. Paz.
Cerrando, por ahora, en 2026 J.A.
Kast y A. Espriella.
Queda aún por dilucidar en este
año que pasa con Brasil donde evangelismo anglosajón es de casi 1/3, en tanto
el catolicismo se debilita, fenómeno similar al de Chile. En la disputa
política es derrotado Lula en la primera vuelta, siendo éste el candidato de la
corriente política desgastada.
A modo de cierre.
Los procesos democráticos en
América Latina son amenazados y la voluntad popular debilitada o distorsionada
por el dinero que compra conciencias, por la injerencia de las tecnologías
actuales que jaquean datos en los sistemas electorales, por las granjas de bots,
la prensa rentada y think tank que manipulan a la población votante, creando
relatos de desastres, emergencias y miedos para alcanzar el poder.
En esa misma línea de democracia
vulnerable opera el chantaje abierto o encubierto de los aparatos de espionaje
político como el Mossad o la CIA. Al mismo tiempo se recurre al lawfare para
sancionar y eliminar competidores molestos, tal como lo hace Washington a nivel
global.
La Doctrina Monroe y
su actualización en el Escudo de las Américas no son meras influencias
geopolíticas, sino dispositivos estructurales de tutela hemisférica que
sustituyen funciones soberanas latinoamericanas bajo la narrativa de
protección.
En ese marco, la
permeabilidad religiosa de nuestras democracias es aprovechada por corrientes
evangélicas conservadoras que articulan imaginarios bíblicos con agendas
geopolíticas de Estados Unidos e Israel, actuando como vector cultural que
facilita la recolonización del continente.
Históricamente, la
cruz y la espada fueron los pilares de la ocupación ibérica, que transforma
radicalmente y desde afuera a los
proyectos civilizatorios originarios. Sustituye sus poblaciones, sus creencias,
valores, lenguas, sus formas de interactuar y producir.
Hoy, en lugar de la
cruz, se proyectan asimétricamente las nuevas sombras, sean estas de múltiples estrellas
de cinco puntas o bajo una de seis puntas, como símbolos emergentes de la
mutación contemporánea que han tenido los dispositivos de dominación, asimilados
candorosamente por nuestras sociedades.
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