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800 Palabras
Cuesta creer que 1250 a.C metieron un caballo y lo hicieron. Pero más cuesta creer que tres mil años después nos metan burros en nuestras casas de gobierno.
Hora y media para el cierre de la edición en las oficinas de redacción del diario y Jaime andaba como loco, de aquí para allá, urgiendo a todo el mundo a entregar los materiales para editar.
Apenas se asomó a la oficina de Ernesto, ni quiso entrar, le gritó desde la puerta:
— ¡No me muestres nada, Ernesto, sólo cuéntame de qué va tu tira cómica de hoy!
— Troyanos.
— ¿Troyanos de la Grecia antigua o troyanos, en referencia al malware de informática?
Ernesto ya sabía que diciéndole las cosas a su amigo de cierta manera, le sembraría ese tipo de curiosidad infalible:
— Ambas —le respondió y lo logró: Jaime se sentaba al escritorio, sonriente y expectante. Torcía su cabeza para poder ver lo que Ernesto estaba ilustrando, pero no era suficiente, además, las manos del dibujante tapaban la lámina.
Ernesto se apiadó de su jefe y comenzó a contarle:
— Ya conoces la historia de Troya, donde un ejército ataca a otro mediante esa creativa tramoya de ocultarse todos metidos dentro del caballo. Dicho sea de paso, en la Odisea de Christopher Nolan está espectacularmente mostrado ese episodio del derrotero de Ulises, hasta que regresa a Ítaca. Los troyanos héroes de mi comic son algo más sencillos, tal como puede verse. Además, no cuento con el presupuesto de Nolan para dibujar cinco cuadritos de manga. Pero, cuando lo que prima es la economía de medios, es cuanto más debe afinarse la creatividad. Verás, querido Jaime: como no podía ser de otro modo, aquí están en escena tus tipitos preferidos: los Postigos de Jehová, que van junto a estos gusanitos, los troyanos, como se pueden ver acá.
— Pero si están en el desierto de Atacama, ¿qué hace ese bote allí? —preguntó Jaime.
— Justamente: pescar en el desierto debe ser lo más surrealista de esta vida o, puede que sea cosa de astutos. Tú sabes que los pescadores suelen utilizar diversos recursos y, uno de ellos, es el señuelo, tipo de pesca a la que los ingleses denominan to troll.
— ¡Ah! ¡Muy bueno! Y veo que ese bote se dirige a un huerto, otro absurdo más: una plantación en medio del desierto. ¿Y qué crece en esa quinta, que parecen cajitas rectangulares?
— Esto que ves acá, vendría a ser la famosa Granja de las Ceriméridas.
— No sé mucho de botánica, Ernesto, y nos queda poco tiempo para el cierre de edición. ¿Qué especie de cultivo son las Ceriméridas?
— En este caso, se trata de unos brotes originarios de Argentina, pero que trasplantados en otras regiones resultaron un éxito, como han sido los casos de Chile, Colombia, Bolivia, Brasil, Honduras y Perú. Hay reportes que señalan que las Ceriméridas han demostrado reproducirse maravillosamente y que han florecido y dado abundancia de frutos, especialmente durante esta segunda década del siglo. Y éste que se ve aquí, es el granjero, ¡todo un genio!
— ¡Que eres un dibujante maravilloso, Ernesto! ¡Ese tipo es el delincuente de Cerimedo!
Ya entendí: ésta es una granja de trols y en las plantitas esas crecen y crecen teléfonos celulares de a cientos. Corre tu mano un poco, por favor. ¿Y ese gigante ventilador que aparece en el último cuadro?
— Este ventilador, como puedes ver, lo está por encender esta señora que aparece junto al aparato.
— Ya veo su rostro, esa es Nadia Beller. ¿Y para qué está poniendo a funcionar el ventilador?
— Porque cuando esta mujer comience a ventilar lo que sabe acerca de Fernando Cerimedo, habrá de volar por toda América latina esa sustancia que tú te imaginas, por lo que a mi siguiente tira cómica tendré que hacerla aparecer toda cubierta de marrón.
— ¡Genial, amigo, eres todo un columnista sin decir una palabra! Tus comics expresan todo con más metáfora y claridad que tantos artículos que demandan de muchísimos centímetros de columna y, así y todo, en oportunidades no son claros en sus análisis.
— ¿Y la fruta que están recolectando en las canastas? Por la forma, parecen ser castañas de cajú, ¡qué ganas de comerme unas cuantas, entremezcladas con maníes y tomarme una cerveza fría!
— Bueno, dado que éstas son un poco más grandes que un maní, pero más pequeñas que las castañas de cajú, verás que en mi historieta les he puesto sólo el mote de Castas. En la canasta hay un cartelito que dice el nombre de este fruto que obtiene el laborioso granjero, don Fernando Cerimedo, sufriente labrador de estas tierras: cuando las castas provienen de la cosecha de los granjeros de la Argentina, se escribe con C, que vendría a ser la famosa casta de Milei, pero cuando son manufacturadas en Chile, debe anotarse con K, es decir, la kasta, tú me entiendes.
— No sólo yo, nuestros lectores lo comprenderán —se reía Jaime.
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