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800 Palabras
Dejar hacer: ¿por qué será que esta expresión tiene aspecto de espíritu libre y en vista de lo que ocurre en Democracia termina siendo la antítesis de la Libertad?
Ana María y su hija estaban en la cocina preparando el desayuno. Nunca se sabe bien cómo se inician las conversaciones, pero Natacha le preguntó a su mamá:
— Tú que lees los escritos de Lacan en la edición francesa, ¿qué significa exactamente la expresión laissez-faire?
— Se utiliza para expresar la idea de dejar hacer. A fines del 1600, en una reunión entre el ministro de comercio francés y un grupo de empresarios, el funcionario les preguntó cómo podía el estado francés colaborar con las empresas. Fue entonces que uno de los empresarios le respondió que les dejaran hacer, es decir, que el estado no se metiera.
— Y Adam Smith los escuchó y allí se pudrió todo —se había metido Ernesto, tanto en la cocina como en la conversación—. ¿Llevo estas tostadas?
Ya desayunaban los Simpson en familia. En minutos, Natacha y su padre saldrían juntos y, como era habitual, caminarían por la calle Arturo Burhle hasta la esquina de la Avenida Mackenna y de allí seguirían atravesando la Plaza Baquedano y la Autopista, ella, para quedarse en la Facultad de Derecho y Ernesto, dos cuadras más para llegar a la redacción del diario. En cuanto a Ana María, su primer paciente estaba agendado para las diez de la mañana, tiempo de sobra le quedaba.
— ¿Y por qué dijiste que se pudrió todo con Adam Smith? —preguntó Natacha.
— He comprado esta mermelada nueva, me gustaría que la prueben y que tengamos nuestro desayuno en paz. ¿Podrá ser?
Padre e hija la miraron como si Ana María acabara de descender del platillo volador.
— Tú, psicoanalista, no puedo creer que le temas a las conversaciones —dijo la hija.
— Mi labor profesional se nutre de las conversaciones con los pacientes. Pero odio desayunar entre peleas que jamás son conversaciones. Y esto ya me huele a discusión política: si Adam Smith o que la economía se regule sola por la mano invisible del mercado y toda esa perorata.
— Bueno, no quise ser incisivo con eso de que se pudrió todo —se excusaba Ernesto.
— Ah, entonces, te parecen buenos los conceptos del libre mercado. Con Adam Smith no se pudrió nada, deberías retractarte, papá —dijo Natacha.
— Me retracto: no se pudrió, ¡se sigue pudriendo!
Como fue dicho entre risotadas, la familia probaba la mermelada nueva y el desayuno concluyó con esa tan anhelada alegría matinal.
* * *
Esa mañana estaba demasiado alborotada la redacción del diario y era comprensible, volaban las noticias por el aire: la asamblea de la ONU, a la que Ernesto en secreto llamaba la reunión de un presidente de piel naranja y sus súbditos, también el encuentro del Escudo de las Americas, cuyo mote (otro secreto más de Ernesto) era el engrudo de las Américas, que en las historietas ya había aparecido como el gran radiador de un auto de los años 50, el cual recorría las rutas de América Central y del Sur y regresaba a Washington con un montón de insectos de cada lugar, adheridos al frente del vehículo. Ernesto ya los había caracterizado en cada uno de esos comics que se fueron publicando a lo largo de una misma semana: la Mariposa Bandera Argentina, emblemática lepidóptera de alas celestes y blancas, pero producto del impacto contra el radiador, lucía como la horrenda Cucaracha Mileinaria de la Motosierra; la famosa Madre de la Culebra, el escarabajo endémico más grande de Chile, cuya larva descompone la madera de los bosques nativos, aunque Ernesto la había ilustrado como Dientes de Kastor, royendo la sociedad; la icónica Mariposa Búho de la selva peruana, a la que en el comic aparecía con su camuflaje que la hacía ver como un búho keikodemocrático, pero en realidad era un águila republicano, y varios bichos más, entre los que no faltaban peligrosas arañas y mortales escorpiones.
— ¡Oh, curiosidad! —le había dicho su jefe Jaime a Ernesto, al ir mirando cada una de estas historietas—. Insectos que sólo atacan a campesinos o trabajadores urbanos.
¿Qué otra respuesta tendría Ernesto, que no fuera algo así?:
— Es que estos bichos se ensañan con los más vulnerables, Jaime querido. ¿O, acaso, tú crees que sea cierto eso que un escorpión pueda decir: es más fuerte que yo, y se termine picando a sí mismo?
— ¿Y por qué has ilustrado este Fairlane de los años 50? Dicho sea de paso, ¡qué bien te salen estos convertibles!
— Porque en épocas del presidente James Monroe, el de la doctrina americana, no había autos. Y en los 50 y décadas subsiguientes, la doctrina Monroe tuvo forma de golpe de estado, millones de pobres insectos todos muertos contra un mismo radiador.
— Monroe dijo eso en 1823 y, ¡dos siglos después, tantos mandatarios permiten que la Casa Blanca funcione en plan laissez-faire!
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