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Soberanía o sumisión, un dilema actual.
La necesidad de encontrarnos en la palabra como un ejercicio que cobra vigencia en fases o etapas de la vida en que el poder político deja de prestar la debida atención a lo esencial acerca de nuestras tareas inconclusas en la construcción de identidad y soberanía.
RECUPERAR NUESTRAS VOCES.
Se requiere sobre todo optimismo para
intentar recrear las voces expresadas desde antaño dirigidas a proponer
proyectos donde prime el sentido y las premisas de la soberanía popular, dado
el "apagón" de ideas en los think tank políticos, pero sobre todo en
los partidos y sus representantes públicos. Las causas del silencio pueden ser las
enunciadas por Fukuyama, en el fin de la historia como el fin del juego.
En el apagón no
descarto el peso de las derrotas, la cobardía, el acomodamiento o cooptación al
tipo de dominio que se ejerce sobre nosotros como habitantes de una nación en un territorio complejo y relativamente pequeño.
En los peores años de la dictadura capitalista de Pinochet hubo valentía y
optimismo, éste se expresó además en la prensa, radio y en la AGP partidista en
las poblaciones desde donde se construyó la resistencia al dictador que solía
vanagloriarse de que “en Chile no se mueve ni una hoja sin que yo lo sepa”.
Y mira que se movieron hojas. Más todas fueron sacudidas rápidamente del
panorama político desde 1990, cerrando las fuentes internacionales de
financiamiento por decreto del presidente Patricio Aylwin. Un gobierno
identificado como de Concertación entre el Partido Socialista y el Partido
Demócrata Cristiano. Desde ese espacio decidieron además no entregar aportes
del Estado para mantener tribunas alternativas, con lo cual hasta La Nación sucumbió, siendo enterrada finalmente
por Piñera.
Nunca más se
recuperaron los medios masivos de comunicación. Sobrevivió el privado al
servicio de los de arriba. Al pueblo llano se le negó la voz como parte de los
acuerdos con EEUU, las FFAA y los partidos de la vieja y nueva oligarquía
local.
No hubo interés en atender al ejercicio de una oposición democrática pues ellos gobernaban
desde el "partido del orden burgués” en la política de los acuerdos
con la oposición que había sido parte
sustantiva de la base de apoyo civil de la dictadura.
El
concertacionismo surgido para resistir a Pinochet, ya desde sus gobiernos, siguió cediendo en
todos los planos y se fue debilitando en el apoyo popular. Abandonó la lucha
por las ideas de cambios estructurales como centralidad y asumió ideas de
cambios secundarios que no afectaran al sistema.
El abandono
incluyó la calle. En la educación se suprimieron los contenidos cívico e
histórico críticos. Los vencedores impusieron su visión de mundo por donde
hemos transitado hasta el gobierno de
Kast que nos conduce sin pausa a un tipo de sumisión que pretendíamos salvada,
al menos en la expresión más brutal, sin tapujos, que exhibe el hegemón después
de apropiarse de los bienes de Venezuela.
La memoria de lucha popular se recluyó o se sumergió con pesados rieles luego
abrirle el vientre.
La necesidad crea el órgano.
La democracia es protegida para impedir las expresiones de soberanía popular, sin embargo deja de serlo cuando entran en acción intereses políticos e ideológicos sintonizados con el rediseño global y las fuerzas hegemónicas que actúan en Chile y el continente, extendiendo su presencia a través de nuevas tecnologías e ingentes cantidades de dinero desde el extranjero.
Sin ser éste
un exhaustivo registro de medios por donde fluían las voces que sirvieron de
aglutinante a la conformación de la mayoría que finalmente abrió paso a la
expresión de la soberanía popular en las urnas e iniciar un tránsito dentro de
una democracia de convivencia acordada, sujeta a un tutelaje exterior nada de
sutil.
En los años
de lucha por la apertura política del país conocimos de revistas como Análisis,
APSI, Hoy, Cauce. Solidaridad
Estaban los
diarios Fortín Mapocho y La Época.
Algunas
Radios: Cooperativa, Chilena, Balmaceda.
Circularon en papel y clandestinamente El Rebelde, El Siglo, Punto Final, El
Rodriguista, La Firme.
Hubo
periodistas como José Carrasco y Augusto Carmona, asesinados por romper el cerco
comunicacional de la dictadura.
Periodistas
notables como Mónica González, Patricia Verdugo
Nunca hubo
una TV como canal sintonizado en la resistencia antes, ni con la soberanía
ahora.
Radio Nuevo
Mundo y El Siglo son considerados medio tradicionales cuya existencia obedece
al Partido Comunista de Chile.
El
Rodriguista tiene una versión digital.
Encontrar espacios de diálogo.
Si tenemos acceso a Internet con las habilidades básicas para su uso, podemos acceder a redes sociales para expresar opiniones individuales y en ciertos casos articularnos en proyectos o plataformas colectivas con intereses temáticos específicos.
Hay
esfuerzos interesantes como el de Daniel Matamala o de Alex Weibel o del matinal “La voz de los que sobran”.
Los que no tenemos el entrenamiento ni los recursos para expresar nuestras ideas a través de circuitos expansivos, podemos acudir a refugios autofinanciados de la palabra alternativa como El Ciudadano, una publicación que opera principalmente en la web para conectar de forma directa, de nuevo, con audiencias que no dejan de ser fragmentadas.
Hay una evidente correlación entre la fragmentación neoliberal de la sociedad, la pérdida del ser colectivo en el cual el mega proyecto tenía razón de ser y se expresaba además en instituciones como los partidos políticos o en la iglesia católica, con la fragmentación actual en la comunicación política y social, lo cual conduce a pensar en la pérdida de fuerza de la soberanía popular.
En nuestra
corta historia, La Aurora de Chile nació por encargo del Gobierno de JM Carrera
al fraile Camilo Henríquez en medio de la transición política de una nación que
emergía aún débil, entre el caos y las cruentas disputas por el control del
poder político interno y el interés de grupos por sustituir el lugar que dejaba
España como imperio en decadencia. Sus
páginas cumplían con ese rol articulador que necesitamos revivir.
Estamos viviendo un tiempo de transición global al que Chile no es ajeno. Los dictados de EEUU como potencia dominante en el Continente nos han hecho saber desde el siglo XIX que “américa es para los americanos”, entendiendo que desde Washington observan, cual águila calva, quién ingresa a este territorio al cual ha denominado su “patio trasero”.
Y de verdad su injerencia, sin sus propias botas en el terreno, pues no fueron necesarias, si han obedecido al mandato a lo largo de nuestra corta historia en JM Balmaceda, G. González Videla, S. Allende, donde estos dos últimos gobiernos ejercieron en el contexto de la Guerra Fría, con distintos resultados para la soberanía popular y sus repercusiones actuales.
Hoy la tensión sobre la nación aumenta con las nuevas formulaciones de la antigua Doctrina Monroe, dirigidas en el siglo XXI en contra de la presencia in situ de potencias a las cuales EEUU considera su competencia en todo ámbito. Hoy, renombrada “Donroe” la doctrina prepara el terreno para la expansión israelí, su presencia territorial, política, económica e ideológica.
D. Trump
dicta en marzo de 2026 en Washington, el mandato de que los pueblos al sur del
Rio Bravo deben organizarse en el Escudo de las Américas y elevar su aporte al 5% del PIB para las FFAA,
dinero que debe ser conducido a la industria militar de EEUU.
Milei y
Netanyahu establecen el Pacto de Isaac en abril de 2026, para alinear a los
países en apoyo irrestricto a Israel. Hemos visto los giros en esa dirección a
poco arribar los nuevos gobernantes en medio de denuncias por el rol de los
bots, los lanceros y la manipulación de Palantir Technologies en sus
elecciones.
Son evidencias indicativas de diseños y directrices orientados a determinar los destinos de América Latina, sus gentes y recursos, nuestros intereses son sometidos a pruebas por dentro, con gobiernos sumisos y políticos más interesados en su propia supervivencia y enriquecimiento que en el bien común.
Y ese
espacio que los políticos pusilánimes no completan, debe ser llenado espero por
las miles de voces comprometidas con la soberanía entendida como el poder
supremo del pueblo. Voces que en dictadura eran legítimas pero ilegales y en
democracia han sido fragmentadas o silenciadas y es urgente encontrar la
argamasa que las reúna en la demanda de un espacio común identitario y
territorial.
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