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800 Palabras
El rol que cumple un profesional de la salud mental jamás puede salirse del propio escenario en el que se representan los dramas de una sociedad.
No era habitual que la Universidad de Chile organizara seminarios de posgrado con temas tan específicos, pero aquí estaba la psicoanalista Ana María Mendive Laurent, a punto de disertar acerca de Poder y Salud Mental.
Se imaginó que formaría parte de un panel con otros tres o cuatro oradores, pero no, enorme fue su sorpresa porque los organizadores del evento no habían sido muy claros al respecto. Por más que su tópico estaba bien cimentado y preparado con tiempo, se encontró con que sería la única expositora ante una audiencia de más de cien especialistas en Salud Mental. No se amilanó y, tras los agradecimientos a las autoridades académicas y otras formalidades, con un gran manejo de la oratoria, arrancó así:
— Imaginemos que estamos en el año 1917 y vamos caminando por la calle Bauernmarkt de la ciudad de Viena. Vemos un grupo de artesanos que montan el hoy famoso reloj Ankeruhr del Hoher Markt, y en el número tres de esa calle nos topamos con un salón de arte: el Kunstsalon de Hugo Heller. Por aquel entonces, Heller había adquirido los derechos de la galería austríaca Miethke y su idea era editar los fotograbados de un tal Gustav Klimt, ya muy consagrado por su exitosa serie dorada, entre varias obras, El Beso. Bueno, precisamente, en los talleres gráficos de Heller también se estaba imprimiendo en ese momento la Internationale Zeitschrift für Ärztliche Psychoanalyse, revista internacional de Psicoanálisis, cuyo director era otro famoso vienés: Sigmund Freud. ¿Por qué hago tanto hincapié en esa prestigiosa revista? Porque después de la turbulenta época de la Primera Guerra Mundial, un artículo escrito por Freud en 1915, dos años después se publicaba con el título Trauer und Melancholie, Duelo y Melancolía, trece páginas que hoy siguen iluminando nuestro saber y nos sirven de guía para la labor en consultorio. Pero, para seguir ubicándonos en ese año 1917, la céntrica calle Bauernmarkt, de Viena, quedaba a unos 1800 km del Instituto Smolni de San Petesburgo, Rusia. ¿Y qué estaba pasando allí por aquel entonces? El 25 de octubre de ese año, del antiguo calendario ruso y que, para occidente sería el 7 de noviembre, tenía lugar la sesión inaugural del Segundo Congreso Panruso de los Sóviets, donde Vladímir Lenin proclamaba la toma del poder, es decir, la Revolución Bolchevique. La pregunta que me gustaría formularles ahora es la siguiente: ¿guarda alguna relación un movimiento político con la salud mental de la sociedad que lo protagoniza?
Eso fue como si Ana María hubiera invitado a la audiencia al debate, ya le estaba haciendo señas a una auxiliar para que tuviera listo el micrófono inalámbrico de modo de acercarse rápido a quien quisiera tomar la palabra. Eso no estaba sucediendo, se hizo un silencio absoluto, situación que Ana María igual manejó muy bien: optó por responderse a sí misma y como para que los espectadores siguieran el hilo de la conferencia:
— Les daré mi parecer: yo creo que el ánimo de los sujetos es inseparable de los cambios que se operan en la infraestructura de una sociedad. En tal contexto, ¿dónde y cómo debemos ejercer nuestra labor los profesionales de la Salud Mental? ¿Qué compromisos hemos adquirido al decidir dedicarnos a la Sociología, a la Psicología, la Pedagogía o el Psicoanálisis? Porque no sé cómo lo verá cada uno de ustedes, pero en mi caso, debo decir que siento que, al haber colgado mi cuadrito, bien enmarcado el título de Psicóloga, junto con eso me he comprado un paquete completo que va más allá de mi agenda semanal, el diván y el desfile de pacientes por mi consultorio. Y quiero citarles a un referente del lacanismo, alguien que es un gran pensador, escritor y filósofo argentino radicado en España desde los años setenta, me refiero a Jorge Alemán Lavigne. Justamente, semanas atrás, Alemán ha publicado un artículo titulado Melancolía de los sectores populares, tan a tono con el rótulo de la actividad que nos convoca esta noche. Parafraseando a Freud, Alemán traza una divisoria entre melancolía y duelo. Mientras duelo alude al sujeto que perdió un objeto amado —sea una persona, un ideal, un lugar en la vida, un proyecto político—, también dice que no logra reconocer qué se ha perdido con él. El melancólico se acusa, se humilla y se considera incapaz de ser amado y el objeto continúa viviendo como una sombra. Tímidamente, alguien desde el público dijo:
— Podría afirmarse por qué es inseparable la Salud Mental de la población de un proceso político: cada vez hay más gobiernos crueles melacolizando a los sectores populares.
Ana María se dio por satisfecha: al menos una persona había entendido perfectamente el sentido de su exposición acerca de Poder y Salud Mental.
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